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El Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, en el contexto de la celebración de la Fiesta de San Francisco de Sales, Patrono de los Periodistas, anunció la designación de los voceros oficiales en la Arquidiócesis de Panamá, este martes 24 de enero, durante la Eucaristía realizada en la Basílica Menor Don Bosco.
Los voceros oficiales son el P. Miguel Ángel Keller, Vicario de Pastoral; el P. Rómulo Aguilar, Director del Departamento de Liturgia; el P. Eusebio Muñoz, Director del Departamento de Evangelización; el P. Rafael Valdivieso Miranda, Rector del Seminario Mayor San José; el P. José Brutua, Párroco de la Parroquia María Auxiliadora; y Maribel Jaén, Directora de Justicia y Paz.
Su nacimiento había sido recibido como un don extraordinario de Dios. Así que bien pronto fue consagrado al Señor. Su infancia transcurre ahora en el ámbito del santuario. En medio de la noche se siente llamado por una voz misteriosa. Contra lo que él cree, no es el sacerdote quien le llama. Es el mismo Dios (1 Sam 3, 10.19).
Este hermoso relato de la vocación de Samuel es el icono perfecto de la vocación. Dios es el Señor de la historia humana y no le es indiferente el camino que sigue su pueblo. Y es también el Señor de cada una de las vidas de los hombres. Dios tiene la iniciativa. Llama a quien quiere y cuando quiere. Como decía San Juan de Ávila, “llama Dios a los hombres y usa con ellos de sus inmensas maravillas”.
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Radio Hogar te invita a escuchar cada domingo, los Encuentros Vecinales, reflexiones y vivencias de las lecturas dominicales y su contexto dentro de la comunidad parroquial. Escúchalo los domingos a las 9 de la mañana, 5 de la tarde y 9 de la noche, en las frecuencias de Radio Hogar, 670 AM, 1250 AM y por internet haciendo click en este enlace: {mp3}ENCUENTROS-VECINALES{/mp3} http://rh.iglesia.org.pa/component/content/article/1-latest-news/848
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“La patria existe al azar de las migraciones y del pan que da Dios”. El azar o las necesidades, más que la cuna, determinan lo que cada uno puede reconocer como su patria. Emigrar es en cierto modo, volver a nacer. Eso sugería el poeta brasileño Mario de Andrades con la frase que encabeza estas líneas.
Pero la fe nos lleva a considerar las migraciones desde otro punto de vista. El domingo 15 de enero se celebra la Jornada Mundial de las Migraciones. En este año 2012 Benedicto XVI ha titulado su habitual mensaje con el tema “Migraciones y nueva evangelización”.
Unas docientas personas junto a los obispos panameños se congregarán del 13 al 16 de enero en la Parroquia San Lucas Evangelista en Costa del Este, para realizar la Asamblea Nacional de Pastoral, con el propósito de concretar acciones pastorales que le permitan a la Iglesia Católica acompañar al pueblo panameño, en sus anhelos, esperanzas y luchas por construir un país con justicia social, con equidad, y espíritu solidario, especialmente con los más necesitados, donde el centro del desarrollo sea la persona humana.
Los profetas son enviados por Dios para nuestra salvación. Es verdad que demasiadas veces tienen que denunciar el mal y el pecado. Pero son llamados para ser pregoneros de esperanza: anuncian un mundo de paz y de armonía que Dios ha preparado para nosotros. Su mensaje es siempre una buena noticia.
El texto que hoy se proclama en la liturgia está contenido en la última parte del libro de Isaías. Y resume la misión de un profeta, sobre el que reposa el Espíritu de Dios. Ha sido enviado para aliviar el dolor de los que sufren y anunciarles la gracia del Señor. Es verdad que él es el primer beneficiado. Una misión como ésa llena de gozo al profeta.
“En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios” (Is 40,3). En la segunda parte del libro de Isaías encontramos ese vibrante pregón que el profeta recoge y repite como un oráculo de lo alto. Es la voz de Dios que declara terminado el tiempo del exilio de su pueblo en Babilonia.
Para los hebreos ha sonado la hora de recuperar la ansiada libertad, de regresar a las tierras de Judá, y de reconstruir el templo del Señor. Ningún tirano es eterno. A todos los imperios les llega, tarde o temprano, la hora de su ocaso. Y ese momento, que para unos significa un desastre, para otros es el reencuentro con su dignidad.






